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Hipocampo, Lima, diciembre 2008.
El autor: entre la amistad, la medicina y el arte
Mi primer recuerdo de Gamaniel Raúl Guevara Chacabana se remonta a 1962. Como un tierno trocito de carbón evoco ese año, mi pubertad rota y mi lapicero rojo. Gamaniel era un joven pensativo, callado y tímido. Era un buen socialista, con un compromiso real, defensor de las causas populares. Yo sólo era una despistada colegiala de 3er grado de Secundaria. Su calor humano nos envolvía, una mañana dominical en una playa lejana color ágata, llamada La Chira, más allá de Chorrillos, cerca de muchos jóvenes, adolescentes y pioneros, habló y nos dijo: --Si las horas no vuelven, no importa, la energía, la presencia física y/o espiritual de nuestra gente es lo que interesa. Los maestros y héroes son el ejemplo. Dejé de verlo muchísimos años. Hubo pánico y dispersión entre los militantes. Hubo divisiones dramáticas. La gran familia se desintegró, se atomizó. La Historia tuvo bemoles inesperados. La Historia universal giró, el Muro cayó, la Historia se suspendió. Hoy nuestra ciudad sucumbe encadenada. Otras patrias abren su corazón con justicia. El Perú a menudo es una noche extraviada. Pero, bajo las alas del viento matinal, la amistad prístina nos aguarda con sus nobles ojos inquietos. La voz del galeno genial Vital Scapa nos une, su alma generosa, su sabiduría. El resto es un mazo de naipes, un dolor que se encona, un manto de abejas zánganas.
Gamaniel Raúl Guevara (Lima, 1943), médico de profesión, es un humanista singular, un verdadero discípulo de Hipócrates: «él entra en las casas con el único fin de cuidar y curar a los enfermos», «evita toda sospecha de haber abusado de la confianza de los pacientes, en especial de las mujeres» y «mantiene el secreto de lo que crea que debe mantenerse reservado».
Su vínculo con la literatura data de sus fervorosos años de universitario, cerca de poetas, pintores y quijotes de la Generación del 60 como César Calvo, Francisco Izquierdo, Carlos Franco, Adriana Palomino, Cato Franco, entre varios.
Igualmente, acompañado de Zulma Linares, su esposa, con coraje e idealismo, ha viajado al interior de nuestro país realizando labores de proyección social a través de su ejercicio profesional. También ha publicado textos, artículos de su especialidad en revistas nacionales y extranjeras; y es editor de la valiosa revista Paediatrica. La musa fragmentada es su primer poemario. Valió la pena aguardar.
Presentación
El viernes 20 de febrero a las 7:00 p.m. celebraremos el magnífico poemario La musa fragmentada, de Gamaniel Raúl Guevara, en el Instituto Raúl Porras Barrenechea de la universidad de San Marcos (Colina 398, Miraflores). Comentarán los destacados escritores Carlos Garayar y Marco Sertzen.
EL LIBRO
Hipocampo editores tuvo el acierto de lanzar La musa fragmentada, en bella publicación pulcra. Se emplearon los tipos Trajan para títuloa, Book Antique para el texto, en papel bond peruano, Atalas, marfileño de 83 gramos. Un saludo al sello Hipocampo, gracias Teófilo Gutiérrez por este hallazgo.
El libro dedicado a Zulma, su compañera, consta de 24 poemas, armados en seis conjuntos. Las indagaciones y evasiones a las que se insinúan le consienten profundizar en expresiones coloquiales y cromáticas, y afrontar la soledad y el silencio, hasta hallar una voz que congregue las disímiles sensaciones que transitan las páginas del libro. Por ejemplo:
“Una pelota cruza el horizonte violeta de tus tardes / y tras ella la alegría de un párvulo / un olor a pescado inunda tus veredas / como un río sencillo, invisible y delgado bajo la luna. // Calle atascada en mi memoria / como un sueño inconcluso guardado en la carpeta escolar”.
Se trata de matices que rastrean cada poema hasta encontrar una linealidad que cubre la intención del autor en formas tan diferentes como intensas.
Breve muestra de La Musa Fragmentada
2
VUELO TRUNCADO
Un oscuro escarabajo revolotea en mi dormitorio, despiden sus élitros un sordo zumbido de helicóptero. Se topetea ciego con las lámparas, los estantes, los revoques del techo.
En su equivocada ronda atraviesa el círculo de mi noche insomne, altera el horizonte de mis doradas fantasías, cruza los linderos del amor, toca el cuerpo de mi compañera. ¿Qué hace aquí esta obstinada criatura? ¿Cómo vino a dar aquí este robot sin brújula?
Le he dado un golpe enérgico con el libro y el animal aturdido ha caído en un rincón. No he sido amable ni agradecido con él, pues su confuso vuelo enderezó mis pensamientos,
dio lugar para escribir estas líneas de respeto a la vida, estos versos de ocasión que hoy pretenden ser poema.
5
YO NO SÉ DÓNDE
Yo no sé dónde se pierden los cielos esta tarde en qué luna en qué horizonte en qué ruido de campanas se disuelven sus luces sus fuegos sus volcanes yo no sé dónde se habrán ido sus humos por qué ojos sus medallas por qué atajos sus topacios sus pavesas yo no sé en qué mares se habrán hundido sus navíos sus cordeles sus banderas sus castillos aquí sólo han quedado espinos árboles calcinados petrificados peces agitadas sombras atizando el silencio de desconcertantes soledades…
Rosina Valcárcel, 18 febrero de 2009, Lima.
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